Francisco Barrio fue un excepcional líder político; un servidor público y gobernante ejemplar, honesto y valiente. Un hombre que, desde el norte del país, fue pivote central de la democratización de todo México.
Pero ante todo, y mucho más que todo eso, fue una persona generosa, íntegra y auténtica, sin fisuras éticas ni morales. Amigo leal, hermano solidario, esposo y padre amoroso, que hizo de su familia su mayor orgullo y su mejor legado. Al árbol, por sus frutos lo conoceréis.
Se fue tranquilo, asumiendo con gran valerosidad la inminencia de su propia partida, como él siempre lo quiso: de manera serena y en paz. Hace unos días tuvimos la oportunidad de despedirnos y entrelazar nuestras manos, recordando nuestra invencible amistad, las batallas compartidas y el enorme cariño con el que siempre nos vimos. Con su admirable lucidez, me dijo que se iba feliz y agradecido por tantas bendiciones.
¡Claro! Así se van los hombres justos y valerosos, que viven una vida suficientemente larga y excepcionalmente rica en momentos vividos con arrojo, pasión y convicción. A esos hombres no los entierra nunca la muerte: los siembra para siempre la vida que llevaron.
Un abrazo muy cariñoso a Hortensia, y a sus hij@s, Marcela, Cecilia, Adriana, Victoria y Pancho, y a todos sus nietos.
Pancho hoy se ha vuelto inmortal.
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